domingo, 31 de enero de 2010

Los setenta, el Seat 850 y la muerte de Franco


Vivimos los setenta con el Mundo a través del SEAT 850, mi hermana y yo conocimos los veranos de Guadarrama en casa de los tíos de Madrid, los viajes a Barcelona para visitar a los primos de mi madre en Paseo Maragall y en la torre de la Costa Brava. Franco ponía en marcha los llamados Planes de Desarrollo Económico y Social, que no era más que aprovechar el tirón del crecimiento que vivían los países de nuestro entorno europeo. La Dictadura proporcionaba a los medios financieros internacionales la confianza de unos objetivos programados. Por lo que fuera, España vivió su particular desarrollismo, que en nuestra casa tenía su imagen palpable en el 850, un escalón superior al mítico 600 de dos puertas. Este crecimiento enmascaraba también el flujo de divisas que llegaban a España procedente de la emigración de españoles a Francia, Alemania o Suiza. Una prima de mi padre tuvo que ir a Lausanne y de ella no tenga más que el recuerdo, yo ya un poco más mayor, de un par de visitas que ella nos hizo. Paquita, era la tía Paquita, su marido era un suizo muy alto con bigotito estrecho, de los que entonces era habitual.
El espíritu que vivíamos en aquellos años setenta en el Colegio de Salesianos estaba marcado por el discurso a la entrada del Director, que mezclaba las obligaciones del día con alusiones indirectas a la actualidad política del momento. A pesar de ello existía una contradicción entre dos modelos de sacerdotes, el que abrazaba con ilusión todo lo que venía del Concilio Vaticano II y aquellos que consideraban el movimiento apostólico como afines a las tesis marxistas que habían destruido España. No puedo decir que se viviera en general una situación de agonía intelectual en el colegio, más al contrario teníamos profesores marcadamente progresistas, incluida, por supuesto, mi profesora de Literatura, que escuchaba embobado su forma con que nos daba a conocer los textos de Lorca, Machado o incluso Alberti. Franco murió el 20 de Noviembre de 1975 y ese día el Director del centro nos hizo toda una apología del bienhechor Caudillo que nos había librado de las hordas marxistas. Parecía como si se cortara o si se suspendiera el equilibrio de fuerzas en el colegio, pero realmente existía entre los curas un miedo al pasado que los hacía retroceder al aperturismo inicial. En aquellos tiempos los estudiantes del colegio sacamos un boletín que resumía un poco las noticias de las revistas de la época y las cuatro anécdotas del colegio. Al poco tiempo la reacción del Director del colegio fue llamarme a su despacho y textualmente, lo recordaré toda la vida, me dijo – O dejas el boletín o dejas el colegio. Evidentemente cerramos en 1977 el último número de la gacetilla. Creo que el suceso era significativo de los últimos años del régimen y el comienzo de una nueva España que algunos aún se resignaban a aceptar. Incluso en la propia cantina del colegio recuerdo haber comprado el Renovación, órgano de Juventudes Socialistas y también empezaban a pasarse las revistas con chicas ligeras de ropa, aún más peligrosas si te la cogían los curas. Luego vinieron también las películas de aquel Cine Imperial del avenida, donde tenías que hacerte pasar por mayor para que te dejaran entrar en las películas de mayores de 18 años: El Imperio de los sentidos con sus explícitas escenas, La caída de los Dioses, el Casanova de Fellini, Barry Lindon o las cintas de Pasolini, como aquella de Saló o los 120 días Sodoma, que a mi me pareció de lo más desagradable y que quizás hubieran hecho bien con no dejarme entrar en el cine, como me pasó con El exorcista que pude ver de pequeño, pasando el control del portero de aquel Cine Gaditano, devorado años más tarde por el boom inmobiliario: me llevé noches con pesadillas viendo a aquella desagradable Linda Blair echando espuma verde por la boca ¡qué asco!
Realmente en nuestro pequeño Mundo del BUP, aquel Bachillerato Unificado Polivalente de entonces del que éramos pioneros conejillos de Indias, existía un espíritu crítico importante y se incubaba lo que con el devenir de los primeros años de la "democracia" iba a ser la transición política. Sabíamos de la existencia de Felipe González, teníamos noticias frescas de aquel Congreso de Suresnes a través de los hermanos mayores que fue la generación que vivió en primera persona aquel cambio histórico. Nosotros, los que entonces aún estábamos pendientes de llegar a la Universidad nos quedamos un poco en el emparedado de generaciones que nos hizo ser muy jóvenes para tomar partido activo en la vida política de finales de los setenta, pero luego fuimos demasiado maduros y con el paso cambiado para cambiar de vida.


¿Vivo? ... en la Historia.



domingo, 24 de enero de 2010

Desde el Acero Bolchevique

Siguiendo instrucciones, o mejor sugerencias, de mi amigo kabileño, voy a enlazar en esta bitácora la entrada que he publicado en Acero Bolchevique. Allí ya justifico, o intento justificar, el porqué del lugar. Pero ya que me he, o me han, animado a hacerlo en esta bitácora, que sigo mucho pero en la que participo poco, y que tiene un objetivo diferente, ni mejor ni peor, que el de la agitación política, voy a aprovechar para recordar lo que pudo suponer para un españolito procedente de una España, miserable por muchos conceptos, aterrizar en Paris. Era llegar a una ciudad en colores desde un pais en blanco y negro. Por más que no era la primera vez que iba a Paris, ya había ido en excursiones escolares en 1971 y 1973, era esta una ocasión especial puesto que la voluntad era la de no volver, al menos hasta que España fuera un lugar en el que se pudiera vivir. Y así aterrizamos en la gare d'Austerlitz con unos pocos, poquísimos, francos en el bolsillo dispuestos a lo que fuera. Unos pocos francos y un par de direcciones, en realidad direcciones que habrían de conducirnos a otras direcciones, facilitadas por la dirección de la Juve en Madrid. Cuando uno tiene apenas dieciocho años, dieciocho años de los de la España de entonces, el choque cultural, y de costumbres, puede ser, y fue, impresionante. Todo era distinto, todo parecía oler a libertad, aunque fuera una libertad simplemente formal. Se podía decir lo que se pensaba. Nos quedabamos extasiados frente a los quioscos de prensa viendo colgados uno al lado del otro al hebdomadaire Lui , con una impresionante señora en portada con el pecho al aire, junto a L'Humanité, con su hoz y su martillo. Acostumbrados a una sociedad en la que las relaciones entre chicos y chicas estaban lastradas por toda clase de prejuicios, en la izquierda incluso más, asumir unas costumbres distintas no fue fácil. Venir de un lugar en el que el sexo más que un pecado era un milagro y llegar a una sociedad en la que había una cierta normalidad, sin que aquello fuera el coño de la Bernarda , que nadie saque conclusiones equivocadas, podía dar lugar a situaciones que podían rozar el ridículo. Sobre todo para alguien absolutamente vírgen física y emocionalmente. De hecho, aproximadamente un año después, creo que fue en la primavera de 1975, desde luego en Paris llovía todos los días, una camarada, hija de españoles, militante de la Juve, española pero nacida en Francia y culturalmente francesa a todos los efectos, de edad cronológica un poco mayor que yo pero emocionalmente muchísimo más madura , tuvo, trás una tarde cargada de trabajo militante y un poco más de vino y Pastis ( no se porqué estaba convencido de que se escribe Pastisse), conmigo un intercambio de afecto que para mí cobró una importancia que creo que no hace falta explicar, importancia que no tuvo para ella, sin que para ella aquello hubiera sido un quemasdá. Al día siguiente lleno de resaca e ilusión topé de lleno con la realidad, cuando ella misma fué la que me sacó de mi error, después de que yo le declarase mi amor eterno, universal e insuperable, de una manera que después he visto en sopotocientas películas, y siempre me duele: "Lo de ayer fue muy bonito, pero...", "Lo importante es lo importante...". Que no deja de ser otra versión del manoseado "Podemos seguir siendo amigos" , posibilidad casi siempre remota, y hago énfasis en el casi porque existen casos pero son extraordinarios, extraordinarios por muchos conceptos. Seguí teniendo mucha relación, siempre política, con esta camarada tanto en Paris como en Madrid, cuando intentó asentarse en España, fracasando al comprobar lo muy francesa, y sobre todo parisina, que era. Y siempre me sentí incómodo en su presencia, a pesar de nunca, ninguno de los dos, hiciésemos alusión alguna a lo sucedido, y estaba incómodo no por lo sucedido, sino por el espantoso ridículo que hice al día siguiente, aunque con el paso de los años contemplo aquel incidente con cierta ternura. Puede que fuera por aquello, pero nunca han estado los digestivos anisados entre mis preferencias a la hora de empinar el codo, estando sobrio, se entiende porque una vez comenzada la juerga y con el paladar caliente hasta la mercromina.
Después he vuelto mil veces a Paris, incluso por razones de trabajo, la OCDE tiene allí su sede y cuando hay algo relacionado con las estadísticas agrícolas o de medio ambiente me sacrifico y voy, y si puedo, casi siempre puedo, hago trampa para quedarme el fín de semana, y dedico ese par de días o tres a pasear por Paris, mi Paris, y sigue siendo espléndido, luminoso, aunque llueva a raudales. Por muchas razones yo nací en Paris, y si algún día me pierdo búsquenme en Paris.

viernes, 8 de enero de 2010

la marcha verde

En primer lugar , agradecer a mi querido amigo Don Rafa- Kabila- Almazán que ya hace bastantes días tuviese la gentileza de invitarme formalmente, (mediante un divertido mensaje de correo electrónico que no pienso borrar por más tiempo que pase) a este estupendo blog, en el que casi me estreno a la vez como comentarista y como colaborador.

En segundo lugar, aclarar dudas sobre el título de la entrada, que no tiene absolutamente nada que ver con la marcha marroquí que tuvo por objeto la anexión de los territorios del Sahara. La cosa va por otros caminos...
Cuando servidor de ustedes tenía 5 años, el verano del año 1974 ( y algunos anteriores, y algunos posteriores ) mi familia, y yo entre ellos, lo pasó en un pequeño pueblo situado dentro del territorio francés pero perteneciente al España, una irregularidad administrativa que responde al nombre de Llívia y a la que se accede tras circular unos quince minutos más o menos por una carretera francesa, tras pasar la frontera.

( Esta situación de islote español dentro de Francia obedece a que tras perder la guerra de los treinta años, merced al Tratado de los Pirineos de 1659, España cedió a Francia los treinta y tres pueblos que hoy forman la “Catalunya francesa” … el departamento francés de los Pirineos Orientales. Llívia quedó fuera de este tratado por tratarse de una villa, privilegio concedido por el Emperador Carlos V, por lo que continuó bajo dominio del la corona de España).


En fin esto es tan sólo una anécdota más o menos entretenida sobre el sitio, para contextualizar. La cosa tenía su gracia cuando algunas mañanas de aquel verano, yendo de excursión por la montaña, alguno de mis hermanos o yo decíamos aquello de “ Papa…pipí!!” y mi padre nos contestaba con sorna “ aguanta un poco hijo mío, que pasemos el hito ese…y meas en Francia, hombre”.

Veraneábamos en una casa prestada. Una de las casas más antiguas y grandes de Llívia pertenecía ( y pertenece) a la familia de un amigo de mi padre, que nos prestó las llaves varios veranos y alguna semana santa para que pasásemos allí las vacaciones. Y allí que nos íbamos todos, mis padres, mis hermanos, recibiendo la visita de tíos, primos y abuelos, porque aquel caserón lleno de habitaciones daba para eso y para mucho más.


Supongo que la facilidad de acceso a Francia unida a la miseria erótica de ese país nuestro a principios de los setenta, en plena dictadura nacional-católica,… hizo que mi padre y mi tío, con treinta y cinco años menos de edad, muchas más ganas de cachondeo de las que conservan ahora y unidos por la complicidad que da el cuñadismo se lanzaran a una aventura ( servidor de ustedes es de los que opina que esto de los cuñaos es una lotería…pero si tienes suerte…. los lazos afectivos y de compañerismo entre cuñaos son más fuertes que los que pueda haber entre hermanos de una logia masónica)
Pues eso, que me lío… que mi padre y mi tío se inventaron alguna excusa para irse solos una tarde a una población cercana dentro de Francia a hacer algún recado importante. Sólo lo sabían ellos dos, pero el importante encargo que iban a hacer era ir a ver esta película …. llámalos tontos…


El problema fue, por un lado, una falta de previsión y por otro lado, un hecho imprevisto y aleatorio.
La falta de previsión fue no tener en cuenta que, en Francia, (que es la primera etapa de esa Europa aburrida dónde no hay tapas de tortilla ni cañitas ni bares con abuelos jugando al dominó ) sobre las seis de la tarde cierran , o al menos entonces era así, las gasolineras. Bueno, las gasolineras y el mundo entero alrededor….
El hecho aleatorio es que a servidor de ustedes, que entonces tenía la tierna edad de cinco años, le dio por pillar cuarenta de fiebre ( un mal de tripas, o cualquier cosa de esas) justo esa tarde- noche en que ellos no estaban…





Y ahí tienes a los dos cuñaos…, tras su ración de tetas y culos … cuando se montan en el coche para volver reparan en que van con el depósito en reserva del Seat 124 , y acabaron bajando por un puerto de los Pirineos en punto muerto, a las tantas de la noche, iluminándose con las luces del coche de delante….suerte que en Puigcerdá se encontraron una gasolinera abierta antes de entrar al pueblo. Y bueno, cuando llegaron a casa, ,,,pues eso…los “¿Que habéis hecho?” y “Dónde habéis estado?”…y “tu hijo con una fiebre altísima y nosotras aquí sin coche…”.

Pero lo que nos hemos reído luego en reuniones familiares escuchando a mi padre con el “Día- que- fuimos- a ver- una-peli-verde-y-de-poco-no-volvemos-tu-tío-y-yo”…Eso no tiene precio.
Salud, Paz y Amor a todos.