Los Santos Mártires
Los patronos de Santander son San Emeterio y San Celedonio. Fueron ajusticiados por el imperio Romano en Calahorra, en la Rioja, y sus cabezas arrojadas al Ebro. Se cuenta que las cabezas flotaron río abajo, hasta el mar. Rodearon la península, y fueron encontradas, intactas e incorruptas, en la bahía de Santander. Hoy figuran en el escudo de la ciudad.
Yo quiero hoy escribir sobre otros mártires, de nombres iguales, o muy parecidos.
En mi vieja escuela era obligatorio jugar al fútbol en los recreos, ser muy bruto, y tirar del pelo a las niñas. A mí nunca me gustó el fútbol, era pequeño, y no muy bruto, y me llevaba bien con las niñas.
Emeterio y Celedonio eran del ultimo curso de EGB, cuando yo no tenía más de ocho años. Ellos no jugaban al balón, se pasaban el recreo charlando, se intercambiaban libros y comentaban lo que habían visto en la tele. También hablaban de música. Sus gestos eran educados, respetuosos con sus compañeros, y cariñosos con nosotros, los pequeños. No solían gritar, y su forma de vestir nos parecía a todos excesivamente correcta, casi atildada.
Y yo era su pesadilla: “MARIQUITAS”, les gritaba.
Estoy seguro de que, en esos momentos no sabía lo que estaba diciendo. Pero sé que era consciente de que les agredía. Supongo ahora, con todo lo que ha llovido, que alguien me manipulaba. Pero eso no es una disculpa. En el patio de un colegio de 1971, si un enano te llama a gritos “mariquita”, estás estigmatizado entre los compañeros de clase.
No sé dónde estarán esos santos mártires. Podían haberme dado una paliza en respuesta a mis agresiones casi diarias, pero no era su estilo.
Es un poco tarde, pero me gustaría pediros perdón.

8 comentarios:
Oiga Gracchus...que cuando escribe un post un poco más largo que de costumbre pues aún mejor, porque la verdad es que es buenísimo.
Un abrazo
Vaya nombre tenían los mushashos. Eran mártires nada más nacer, vaya mala leche la de los padres.
Graccus en la EGB, qué cosas! Yo también fui de los que inauguré la EGB, luego el BUP y todo los nuevo me tocó sufrir. Las famosas fichas...
Pues sí, yo también me acuso. No recuerdo a quién, ni por qué. Pero llamar maricón a alguien que no era bruto, que era blando, que cuidaba su aspecto con el fin de insultarle, era en mi generación muy común entre los muchachos. Y es que había que ser macho. Luego nos preguntaremos de donde vienen esos ramalazos machistas y esos síntomas de homofobia que hoy tienen muchos.
Creo que si he aprendido algo ha sido a pedir perdón, a lo que me uno a usted D. Gracchus, a pesar de que sea un poco tarde.
Salud y República
Mis recuerdos escolares estan algo brumosos, (los capones y golpes de los curas tendran algo de culpa), pero tengo el recuerdo nitido de un chico al que le destroce sus....partes intimas con una patada estilo Roberto carlos.
El chico hoy esta casado, pero...no puede tener familia.
No se si pedir perdon, pues como se acuerde de mi,......
Un abrazo don gracchus.
Salud y felicidad
Yo no he dicho a nadie nunca un insulto en su cara. Igual lo he dicho en petit-comité, de eso sí me acuso.
Al contrario que otras niñas, a mí me gustaba sonreírle a los "distintos", hacerme amiga suya. Ahora sé que los distintos eran ellos, los que salían detrás del mariquita de mi pueblo para tirarle piedras.
¡Ah! Y seguro que a más de uno le picaba mucho la puerta de atrás...(oich qué fina estoy hoy)
¡Estupendo post!
Me ha gustado muchísimo tu historia, que debe ser muy común a tantos y tantos niños y niñas también.
Yo como María, pertenecía a ese grupo que siempre sonreía y que todas y todos me parecían guapos.
(Tampoco debía ser muy normal, verdad?)
Me has dado la idea para otra batallita.
Un beso y enhorabuena por tu estupenda entrada
Yo era muy inocente, creo que nunca insulté a nadie porque tenía para mi el monopolio de la burla de mis compañeras de clase... Pero sólo muy tarde descubres que la infancia es cruel, y no siempre dice la verdad... (como tampoco la dicen los borrachos, véase Aznar). Pero la entrada es muy buena. Un abrazo
Caballero Gracchus: Si le sirve de algo, sepa usted que somos muchos los emeterios y celedonios que hoy estaríamos orgullosos de contarnos entre sus amigos, y que no tendríamos nada que perdonarle.
Porque todos los que fuimos educados en esos valores machistas que criminalizaban al maricón (y que tantas veces aún lo criminalizan) fuimos víctimas del mismo sistema.
Un saludo cargado de agradecimiento por su entrada.
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