MORIR CON DIGNIDAD
Estábamos dormitando despues de comer. Era el mes de agosto de 1999 y estábamos de vacaciones toda la familia. Mi madre estaba en su sillón favorito viendo la tele entre cabezada y cabezada, con Pep, nuestro bóxer, apoyado en sus pies.
De repente mi madre se levantó para ir al baño y al ratito escuchamos unos gemidos. Fuimos mi hermana y yo corriendo a ver qué le pasaba y la encontramos bastante descompuesta, como si hubiera sufrido un corte de digestión, pero tenía muy mal aspecto.
La llevamos a la cama, mientras le preparábamos una manzanilla... comía muy bien y podía haberle sentado mal la fabada... pero pasaba el tiempo y el malestar y el dolor que empezaba a sentir en el vientre no remitía.
Decidimos llamar al médico de urgencia, que no tardó demasiado en venir. Despues de la revisión exhaustiva, algo debió ver que no le gustó y decidió decirnos que mejor la lleváramos al hospital más próximo. Ella misma llamó a una ambulancia y para allá nos fuimos mi hermana y yo.
En el servicio de urgencias del hospital la atendieron inmediatamente despues de ver el informe del médico de guardia que la había revisado en casa. Tardaron un montón, pero estábamos convencidas de que simplemente era una indigestión. Cuando salió el Jefe de Servicio nos llamó a su despacho y ante nuestra incredulidad nos dijo, poco a poco, la gravedad del estado de mi madre: había sufrido un infarto intestinal de la arteria mesentérica... pronóstico... muerte irreversible en cuestión de horas, lo que tardara en resistir su anatomía...
Le rogamos al médico que por Dios, hiciera algo para que nuestra madre no sufriera, porque este cuadro clínico causa atroces dolores, toda la parte inferior del cuerpo se queda sin riego sanguíneo y el dolor es insoportable... el médico, nunca olvidaré su carita, nos dijo que no nos preocupáramos, que no iba a sufrir...
Estuvo dormidita casi 24 horas, hasta que su organismo ya no pudo continuar. Su cara era plácida en el momento de su muerte y jamás olvidaremos lo que ese servicio médico de urgencias hizo por ayudar a nuestra madre a morir bien, con dignidad, despues de toda una vida trabajando de madre, esposa y abuela.
Hicieron lo único que podían hacer, compadecerse de una enferma terminal y de sus familiares.
Entenderéis que no diga el nombre del médico, tampoco el del Hospital maravilloso al que llevamos a nuestra madre... ésto es lo que ha conseguido un inhumano e inmoral individuo que dedica su asquerosa vida a la política en la Comunidad de Madrid, Manuel Lamela, amparado por su jefa, la inmoral e inhumana Esperanza Aguirre y por todo el aparato del PP y sus indecentes medios afines. A ésto se quiere llegar, para convertirnos a todos en polvo sufriente mientras ellos seguirán dándose golpes de pecho y comulgando los domingos y fiestas de guardar, porque siempre encontrarán un cura que les absuelva de esa culpa que no tiene perdón.

11 comentarios:
Sentido y real episodio.
Yo no he tenido que pedir que no sufriera alguno de los míos. O por accidente o por muerte lenta pero sin sufrimiento, llegaron al final sin un sentimiento de dolor fuerte.
Pero te puedo asegurar que si está en mi mano haré todo para que ninguno sufra si se da el caso que espero que no. En cuanto al canalla de Lamela ya te he comentado algo en tu bitácora.
Besos, Salud y República
Solo los que hemos tenido un enfermo terminal en nuestra cercanía, y nosotros hemos tenido tres... sabemos lo inhumano que es dejarles que sufran.
Por éso pienso que esta gentuza no tiene conciencia, no saben lo que es el sufrimiento humano... peor... les importa un bledo.
Lo llaman dios, pero es un monstruo cruel.
Ay, Blanca, querida, me acabas de dar de pleno. Verás: hace poco más de dos meses, mi hermano Josemari (70 años) se sintió mal. Acudió al hospital. Allí le detectaron (todo de repetente) dos tumores: colon y cerebro. Tenía una metástasis de caballo. No había nada qué hacer. Hablé (y hablamos los familiares) con el médico. Nos dijo que podía durar dos meses con unos dolores horrorosos o... tres o cuatro días con una sedación adecuada. TODOS, absolutamente TODOS, libremente, rotos por el dolor, destrozados pero conscientes, decidimos que no podíamos consentir que nuestro hermano/hijo/pareja tuviera una muerte tan dolorosa. Y optamos por, discretamente, tomar la iniciativa de la sedación. Siempre con el asesoramiento del (extraordinario) doctor.
Mi hermano falleció a los tres días. Tranquilo, en calma. Sin dolor. Rodeado y entre besos cariñosos de todos los suyos.
Por supuesto que yo tampoco revelaré el nombre del médico. Pero si algun día me pasara lo mismo, quisiera tener a un médico igual y a una familia parecida.
Uuufff, Blanca, me has dejado roto. Pero agradezco enormemente tus palabras, que firmo y suscribo una por una.
Un besazo.
Post data.- Cuando he dicho que "murió a los tres días" he querido decir después de los innumerables análisis y pruebas de todo tipo que confirmaron la gravedad del asunto. En total, desde que ingresó hasta que falleció, pasaron unos veintipico días.
Manuel, los que tenemos que elaborar la muerte de una madre, un hermano, alguien amado... en cuestión de horas... necesitamos un ángel-médico que ayude de verdad a las familias, a los enfermos, a semejante tránsito.
Tu y yo, los innumerables pacientes de innumerables hospitales, sabemos que la mayoría de los médicos de Hospitales Públicos son así, médicos. Conocen el cuerpo y la mente de sus pacientes, viven las enfermedades, el dolor de enfermos y familiares, y obran como obraron en su día el Dr. Montes y todo su equipo.
Por éso es tan despreciable, tan imperdonable lo que ha hecho esta gentecilla, políticos de tres al cuarto, basura fundamentalista que van a durar un segundo, nadie los recordará en el futuro salvo para condenarlos. Ese va a ser su drama y su propia tortura.
¿Alguien les querrá? ¿Querrán ellos a alguien? Son pobres y morirán solos.
Siento el drama de tu hermano, pero hemos tenido mucha suerte. Nosotros tampoco estábamos en Madrid, así que aún nos podemos beneficiar de la lejanía de esos depredadores humanos que están acabando con todo lo bueno en lo que aún creíamos.
Te mando un gran abrazo, amigo.
Sin muchas palabras que añadir a tu sentido y elocuentísimo relato, diré, sin embargo que me uno a tu lanza en favor de la Sanidad Pública, un gran derecho y mejor logro, que no se disfruta en demasiados países, no se olvide.
Mi ama se vio también sorprendida un verano con una aparente gastro que resultó ser un tumor cerebral inabordable, pues bien: desde el primer celador del hospital de Don Benito(Badajoz) hasta el último neurocirujano del de Cruces(Barakaldo), pasando por ats, enfermeros, radiólogos y oncólogos, tendrán nuestro eterno agradecimiento, no sólo por el esfuerzo profesional, también por el exquisito trato ofrecido en casi un año de idas y venidas.
Un abrazo, Blanca.
Pues en mi caso, mi madre no tuvo tanta suerte. Después de bregar durante dos años contra la leucemia, esperábamos que pudiera morir en casa tranquila. La gravedad del episodio hizo que tuviéramos que ingresarla (se nos podía morir de sed). Durante tres días la tuvieron de la ceca a la meca, sin poder ingresarla en Hematología porque no había plaza. Acabó en el Departamento de ¡¡¡ Digestivo !!!. Estaba en estado terminal, sufriendo y la doctora, muy joven, muy inexperta, quería hacerle una transfusión que sólo iba a prolongarle la agonía. Si nos descuidamos se la pone, a pesar de nuestra opinión en contra. También nos dijo que todavía no era el momento de ponerle sedación, que era muy pronto. Murió antes de que reaccionaran, después de pasar un día malo, con dolores, casi en coma y muy molesta. Cuando murió, como era la noche de Nochevieja y todo el mundo tenía prisa por largarse a casa, no nos dejaron casi ni despedirnos de ella. No nos dieron la más mínima intimidad. La enfermera que la atendía era odiosa; no se preocupaba de su dolor pero sí nos recordó 3 veces que convenía llamar a un confesor. Para confesar sí era el momento; para sedarla, no. No voy a citar el Hospital porque no sería justo. Es un gran hospital público y en otras ocasiones otros profesionales se portaron maravillosamente bien con ella.
Yo también creo en la Sanidad Pública y también creo que a cierta gente deberían separarla del ejercicio médico.
Todavía se me saltan las lágrimas cuando recuerdo todo el sufrimiento que le podían haber ahorrado, primero y fundamentalmente a ella; después, a nosotros que la veíamos sufrir.
Esos médicos que querían traer al confesor no van a tener ningún problema para que un cura les dé la absolución... el el hipotético caso de que tengan algún cargo de conciencia por permitir un sufrimiento inútil. Lamento decirte ésto freia, es que es la realidad.
Y lamento no solo el sufrimiento de tu madre y de todos vosotros... lo lamento por los miles de personas que están pasándolo tan mal por culpa, POR LA SOLA CULPA, de unas personas inhumanas que anteponen la política a los sentimientos. ¿Qué podemos esperar de ellos? pues lo que estamos oyendo estos días a los implicados en el tema: AGUIRRE, LAMELA y GÜEMES... nunca debemos olvidar ni sus nombres ni sus caras.
Blanca, Manuel, os debo un "abuelo cebolleta" sobre la muerte de seres queridos. Ahora os mando un abrazo, porque sé de lo que habláis.
Lo que ha ocurrido en Madrid es de lo más grave de los últimos cuatro años. Comparable a lo que le gritaban a Pilar Manjón, los palmeros de Aznar: "Meteos vuestros muertos por el culo".
No reconozco mi país.
Creo que ya lo he escrito en otro blog, pero me repito, no se si tendré salud para verlos como se ganan el cielo a golpe de sufrimiento.
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