jueves, 8 de noviembre de 2007

El Gol de Marcelino

El gol de Marcelino fue la primera gesta histórica de la que tengo recuerdos, no había nacido cuando Telmo Zarraonaindía, Zarra, doblegó a la pérfida Albión en el mundial de 1950, y era excesivamente pequeño cuando Federico Martín Bahamontes, el aguila de Toledo, ganó el Tour de Francia y dió la vuelta de honor al parque de los Príncipes el 18 de julio, hay que joderse con las casualidades, de 1959.
Tenía la selección española un equipo más que presentable, que giraba en torno de un fínisimo interior izquierdo gallego, Luis Suárez, que había emigrado desde el Barcelona al fútbol italiano, en concreto al Inter de Milán, bestia negra de los madridistas, pues el año anterior nos había barrido en la final de la copa de Europa con un equipo que recuerdo como si fuera hoy: Sarti; Burnich, Guarneri, Facchetti; Tagnin, Picchi; Jair, Mazzola, Milani, Suárez y Corso, en frente los blancos habíamos puesto un equipo algo veterano con Vicente; Isidro, Santamaría, Pachin; Muller, Zoco; Amancio, Félix Ruiz, Di Stéfano, Puskas y Gento, y pasó lo que pasó, la crisis fue tal que acabó con la carrera del gran don Alfredo Di Stéfano, en el Madrid, pero esto no tiene ningún interés, solo es el triste recuerdo del primer gran disgusto que me llevé en mi vida como madridista. Estábamos en otra historia y sigamos con ella. Decía que tenía la selección española un equipo más que decente, aunque los entendidos dicen que era más potente la de 1960, en la que jugaban, ahí es nada, con una delantera compuesta por Tejada, Kubala, Di Stéfano, Suárez y Gento, pero les tocó jugar con la URSS, y el régimen no consideró oportuno visitar, como Tintin, el pais de los Soviets, y fueron precisamente los soviéticos los que se proclamaron campeones de Europa; en 1964, en cambio no hubo problemas para enfrentarse a los soviéticos, que tenian en Lev Yashin, la araña negra su máxima figura. Mi padre hizo un gran esfuerzo económico para que fueramos a Chamartín a verlo en directo. Hubo muchísimas entradas y pases gratis, para personas afectas al Movimiento Nacional, y mi padre, a duras penas había conseguido que le catalogaran como indiferente, gracias a los buenos oficios de un vecino, bellísima persona de la que siempre guardaré un extraordinario recuerdo, que había ejercido el cargo de jefe de casa. Así pués nosotros fuimos de pago, a la entrada más barata, diez pesetas, en el tercer anfiteatro, y mi padre me tuvo en hombros sobre su cuello todo el partido. El equipo de España era, lo he mirado en Google porque de éste no me acordaba completo , Iribar; Rivilla, Olivella, Calleja; Zoco, Fusté; Amancio, Pereda, Marcelino, Suárez y Lapetra. Cuando marcó Marcelino el que a la postre sería el gol de la victoria todo el mundo se alegró mucho, menos mi padre, que se había pasado todo el partido mirando los mástiles de las banderas que había en las torres que conducían al tercer anfiteatro y en cada una de las torres lucía una preciosa bandera roja con la hoz y el martillo, que era lo que realmente quería ver mi padre. Y su felicidad no fue completa, porque hacía ya bastante tiempo que la Internacional había dejado de ser el himno oficial de la URSS. Por aquellos tiempos me llevó mi padre, que ni entendía de baloncesto ni le gustaba, a ver también la final del Madrid contra el Ts.S.K.A., aproximadamente por la misma razón. El día del gol de Marcelino, fue el primero en que vi ondear la bandera roja con la hoz, el martillo y la estrella de cinco puntas, recordándolo ahora, todavía me emociono.

7 comentarios:

Gracchus Babeuf dijo...

En 1944, La Internacional dejó de ser el himno de a Unión Soviética. Tomó su lugar una música excelente, obra de Alexander Alexandrov. (que viene a a ser como Fernando Ferández). La melodía del que hoy es himno ruso, fue, originariamente, el himno del Partido Bolchevique. Si su padre no tuvo la alegría de escuchar La Internacional, sepa Usted que escuchó una versión del Himno del Partido Comunista Ruso, en su facción bolchevique. Que no es poco.

Freia dijo...

Don Bolche, se le ilumina a Vd. la pluma (sensu stricto) cuando habla de fútbol. Y no digamos si el relato va unido a recuerdos de don Claudio. A mí me ayuda a descubrir facetas de su padre que desconocía y que, además, me gustan.
Así que el himno del Partido Bolchevique... je,je... parece que los soviéticos también le metieron un gol a Franco.

RGAlmazán dijo...

Ese partido se ganó gracias a que había dos defensas magníficos como Rivilla y Calleja y que sólo jugaron dos del Madrid.

Yo tenía un vecino que se quejaba amargamente, y decía:
¡Joder! venticinco años esperándoles y resulta que llegan y se ponen a jugar en calzoncillos, los gilipollas.

Salud y República

AF dijo...

Comprendo la emoción. Cuando yo pude tener mi propia radio a pilas con onda corta, allá por el 67 ó 68, me pasaba noches en vela, en la oscuridad del cuarto, extasiado con dos cosas: una que no comentaré porque mi pudor me lo impide, y otra que era el atento escrutinio del dial en busca de alguna de las tres emisoras más deseadas: Radio Pirenaica (sumamente difícil de coger si es que alguna vez lo conseguí, entre otras cosas porque yo creo que por ahí anduvo la fecha en que dejó de emitir), Radio España Independiente (conseguible, pero con bastante mala calidad) y Radio Tirana de Albania, que por alguna razón desconocida emitía también su edición en castellano y que, cosa realmente importante, al final de la misma emitía completa La Internacional.

Se trataba de una de esas versiones orquestales plenas de grandiosidad, de las que te ponen los pelos de punta y a la que la mala calidad de la recepción favorecía extraordinaria y misteriosamente.

Siempre recordaré la emoción que, como le pasaba a don Javier con la bandera roja ondeando en pleno corazón futbolístico de Madrid, me inundaba a mí proveniente de aquellos auriculares algo ortopédicos y de color blanco marfileño que te permitían en un rotundo monoaural bien lejano al estéreo poterior, escuchar aquellas notas entrecortadas por los mil ruidos que la tradición y la mitología quería producidos por la inefable Brigada de Contrapropaganda.

Tiempos de ingenuidad proclive a la emoción simple. Aún conservo algún destello que, ¡maldita sea mi estampa!, no consigo guardar en un cajón junto con las fotos del único campeonato de fútbol ganado y de un amargo final de Liga en Valladolid junto a un asiduo de este blog.

Anónimo dijo...

Muñoz no se portó bien con la Saeta Rubia.....

Maripuchi dijo...

Anónimo, no sea usted troll. Si desea insultar, lo menos que puede hacer es dar la cara... de lo contrario, serán borrados sus comentarios.

Pinga dijo...

Supongo que tanta empción por ver ondear la bandera roja con la hoz y el martillo se le acabaría pronto cuando supo de las purgas de Stalin... o en todo caso, cuando vió la estrepitosa caída del régimen comunista de la URSS.
Yo me emociono mucho escuchando música ruda. Me gusta muc´ho el folclore ruso, lo mismo el húngaro, y los paisajes ¡qué le voy a decir!. Lástima que el pueblo haya quedado tan destrozado con todos esos años de dictadura comunista. En Hungría se van recuperando, claro que no vaya usted a comparar.