jueves, 25 de octubre de 2007

El Estado de Excepción de 1969

Corría el año 1969, enero de 1969. Decían que Franco estaba mal, que era cuestión de días. Aquello hizo que se intentara tensar la cuerda desde la oposición social. Hubo episodios con los que se intentó echar un pulso al régimen. Primero, fueron los estudiantes en Barcelona, quienes se atrevieron después de enfrentarse al rector, a tirar por la ventana un busto de Franco y quemar una bandera española. Al día siguiente siguieron sus homólogos en Madrid y en la misma ciudad universitaria, un grupito sitió el coche de un vicealmirante al que le profirieron gritos subversivos e insultos.

El veinte de enero el estudiante Enrique Ruano se “suicidó” tirándose desde un séptimo piso cuando estaba con la policía. Lo que provocó que mil quinientas personalidades denunciaran los malos tratos por parte de la policía a los presuntos delincuentes, sobre todo, por causas políticas. Madrid vivió una de las manifestaciones más numerosas de la dictadura donde se reunieron miles de estudiantes.

El veinticuatro de enero del 69 el gobierno decreta por primera vez desde el final de la guerra civil el Estado de Excepción en toda España. Según Fraga, en aquel momento Ministro de Información y Turismo: “para luchar contra las acciones minoritarias sistemáticamente dirigidas a alterar la paz española… y evitar que se arrastre a la juventud a una orgía de nihilismo y anarquía”. A continuación y amparados en esa ley declarada se intensificaron las detenciones, condenas y se eliminó cualquier tipo de garantía (podéis imaginar las que había) que pudiera tener un ciudadano. Treinta y seis millones de españoles quedaban al amparo de lo que dijera una autoridad, cualquiera, que le podía retener sin justificación ninguna.

Pues bien, en ese mes de febrero un grupo de amigos, unos quince, nos dirigimos a pasar un día en la sierra. Después de comer, arriba en el puerto, decidimos bajar al pueblo a Navacerrada. Allí paseando, a uno de mis acompañantes se le ocurrió tirar una piedra y cargarse un cristal de un farol. No iba yo en ese grupito, me dijeron que no fue intencionado. En seguida un vecino debió llamar a la guardia civil y nos llevaron al cuartelillo. Tranquilos, esperamos a que fuera alguien. Apareció quien hacía de juez de paz. Era uno más de la familia Arias (esta familia era, seguro que los de Madrid lo recuerdan, los que habían levantado la estación de esquí de Navacerrada y habían hecho una gran fortuna, se habían colocado ayudados por su lealtad al régimen y habían acaparado poder y dinero).

Naturalmente, lo primero que nos dijo, el buen señor es que le importaba un rábano que hubiera sido aposta o no. Que estaba vigente el Estado de Excepción y que él era la autoridad. Y además, aprovechando que había que cambiar muchas bombillas y poner farolas nuevas, que había llegado el momento. Nosotros lo íbamos a pagar.

Y así fue, sin derecho a decir ni mu, salvo que te la jugaras, nos impusieron una multa de tres mil pesetas a cada uno (yo, que ya trabajaba, ganaba cuatro mil al mes). O sea casi un mes de trabajo. Calculemos por quince y os aseguro que con lo que recaudaron pudieron cambiar todas las farolas y aumentar su cuenta corriente.

Así es que, cuando vayáis al pueblo de Navacerrada, mirad las faroles y sabed que allí invertí un dineral. Espero que por lo menos, funcionen.

Salud y República

5 comentarios:

Blanca dijo...

Pues intentando sacar algo positivo de la historia que cuentas, piensa que tu impronta (y la de tus amigos) sigue presente en Navacerrada... sois la luz que ilumina sus noches...

Siempre con sus castigos ejemplares... recuerdo que en ese mismo estado de excepción, detuvieron a un muy amigo mío por el solo hecho de llevar barba y estudiar Económicas (en aquel tiempo los estudiantes de Económicas eran rojos, por éso los llevaron exiliados a Somosaguas, para que no "contaminaran") y estuvo tres días incomunicado en la Puerta del Sol... nunca olvidaré su aspecto físico cuando salió de los sótanos de aquel siniestro edificio, del que no puedo olvidar lo que significó durante décadas...

rosamari dijo...

Fueron tiempos malos, pero te hacían hervir la sangre y conspirar, conspirar. Salias a la calle desafiante.

J. G Centeno dijo...

Aunque parezca increíble, tenía 13 años y mi padre y hermano me echaron una bronca de puta madre, en aquel estado de excepción hice mi primera pintada, un tanto rudimentaria porque aún no se había popularizado el spray en las tapias de una cancha de baloncesto, que había en la calle Palos de Moguer y donde jugaba el Canoe, eramos un grupo de arrapiezos inconscientes, el mayor era Chemari con 15 años, que estabamos participando en unos círculos de estudio para chavalines que aún no eramos ni siquiera militantes de la Juventud Comunista. Ni el Partido, ni la Juventud, sabían lo que ibamos a hacer. La pintura y brochas se las mangamos al padre de marcos, que era pintor. La pintada la hicimos a plena luz del día y sólo decía Muera Franco, pero apenas se entendía. La bronca que nos ganamos, me hizo reflexionar mucho sobre la necesaria disciplina.

Gracchus Babeuf dijo...

Tus escritos iluminan nuestros pasos.

Anónimo dijo...

el abc publicó los supuestos diarios de enrique ruano