domingo 31 de enero de 2010
domingo 24 de enero de 2010
Desde el Acero Bolchevique
Siguiendo instrucciones, o mejor sugerencias, de mi amigo kabileño, voy a enlazar en esta bitácora la entrada que he publicado en Acero Bolchevique. Allí ya justifico, o intento justificar, el porqué del lugar. Pero ya que me he, o me han, animado a hacerlo en esta bitácora, que sigo mucho pero en la que participo poco, y que tiene un objetivo diferente, ni mejor ni peor, que el de la agitación política, voy a aprovechar para recordar lo que pudo suponer para un españolito procedente de una España, miserable por muchos conceptos, aterrizar en Paris. Era llegar a una ciudad en colores desde un pais en blanco y negro. Por más que no era la primera vez que iba a Paris, ya había ido en excursiones escolares en 1971 y 1973, era esta una ocasión especial puesto que la voluntad era la de no volver, al menos hasta que España fuera un lugar en el que se pudiera vivir. Y así aterrizamos en la gare d'Austerlitz con unos pocos, poquísimos, francos en el bolsillo dispuestos a lo que fuera. Unos pocos francos y un par de direcciones, en realidad direcciones que habrían de conducirnos a otras direcciones, facilitadas por la dirección de la Juve en Madrid. Cuando uno tiene apenas dieciocho años, dieciocho años de los de la España de entonces, el choque cultural, y de costumbres, puede ser, y fue, impresionante. Todo era distinto, todo parecía oler a libertad, aunque fuera una libertad simplemente formal. Se podía decir lo que se pensaba. Nos quedabamos extasiados frente a los quioscos de prensa viendo colgados uno al lado del otro al hebdomadaire Lui , con una impresionante señora en portada con el pecho al aire, junto a L'Humanité, con su hoz y su martillo. Acostumbrados a una sociedad en la que las relaciones entre chicos y chicas estaban lastradas por toda clase de prejuicios, en la izquierda incluso más, asumir unas costumbres distintas no fue fácil. Venir de un lugar en el que el sexo más que un pecado era un milagro y llegar a una sociedad en la que había una cierta normalidad, sin que aquello fuera el coño de la Bernarda , que nadie saque conclusiones equivocadas, podía dar lugar a situaciones que podían rozar el ridículo. Sobre todo para alguien absolutamente vírgen física y emocionalmente. De hecho, aproximadamente un año después, creo que fue en la primavera de 1975, desde luego en Paris llovía todos los días, una camarada, hija de españoles, militante de la Juve, española pero nacida en Francia y culturalmente francesa a todos los efectos, de edad cronológica un poco mayor que yo pero emocionalmente muchísimo más madura , tuvo, trás una tarde cargada de trabajo militante y un poco más de vino y Pastis ( no se porqué estaba convencido de que se escribe Pastisse)
, conmigo un intercambio de afecto que para mí cobró una importancia que creo que no hace falta explicar, importancia que no tuvo para ella, sin que para ella aquello hubiera sido un quemasdá. Al día siguiente lleno de resaca e ilusión topé de lleno con la realidad, cuando ella misma fué la que me sacó de mi error, después de que yo le declarase mi amor eterno, universal e insuperable, de una manera que después he visto en sopotocientas películas, y siempre me duele: "Lo de ayer fue muy bonito, pero...", "Lo importante es lo importante...". Que no deja de ser otra versión del manoseado "Podemos seguir siendo amigos" , posibilidad casi siempre remota, y hago énfasis en el casi porque existen casos pero son extraordinarios, extraordinarios por muchos conceptos. Seguí teniendo mucha relación, siempre política, con esta camarada tanto en Paris como en Madrid, cuando intentó asentarse en España, fracasando al comprobar lo muy francesa, y sobre todo parisina, que era. Y siempre me sentí incómodo en su presencia, a pesar de nunca, ninguno de los dos, hiciésemos alusión alguna a lo sucedido, y estaba incómodo no por lo sucedido, sino por el espantoso ridículo que hice al día siguiente, aunque con el paso de los años contemplo aquel incidente con cierta ternura. Puede que fuera por aquello, pero nunca han estado los digestivos anisados entre mis preferencias a la hora de empinar el codo, estando sobrio, se entiende porque una vez comenzada la juerga y con el paladar caliente hasta la mercromina.
Después he vuelto mil veces a Paris, incluso por razones de trabajo, la OCDE tiene allí su sede y cuando hay algo relacionado con las estadísticas agrícolas o de medio ambiente me sacrifico y voy, y si puedo, casi siempre puedo, hago trampa para quedarme el fín de semana, y dedico ese par de días o tres a pasear por Paris, mi Paris, y sigue siendo espléndido, luminoso, aunque llueva a raudales. Por muchas razones yo nací en Paris, y si algún día me pierdo búsquenme en Paris.
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J. G Centeno
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Baúl: París
viernes 8 de enero de 2010
la marcha verde
En primer lugar , agradecer a mi querido amigo Don Rafa- Kabila- Almazán que ya hace bastantes días tuviese la gentileza de invitarme formalmente, (mediante un divertido mensaje de correo electrónico que no pienso borrar por más tiempo que pase) a este estupendo blog, en el que casi me estreno a la vez como comentarista y como colaborador.
En segundo lugar, aclarar dudas sobre el título de la entrada, que no tiene absolutamente nada que ver con la marcha marroquí que tuvo por objeto la anexión de los territorios del Sahara. La cosa va por otros caminos...
Cuando servidor de ustedes tenía 5 años, el verano del año 1974 ( y algunos anteriores, y algunos posteriores ) mi familia, y yo entre ellos, lo pasó en un pequeño pueblo situado dentro del territorio francés pero perteneciente al España, una irregularidad administrativa que responde al nombre de Llívia y a la que se accede tras circular unos quince minutos más o menos por una carretera francesa, tras pasar la frontera.
( Esta situación de islote español dentro de Francia obedece a que tras perder la guerra de los treinta años, merced al Tratado de los Pirineos de 1659, España cedió a Francia los treinta y tres pueblos que hoy forman la “Catalunya francesa” … el departamento francés de los Pirineos Orientales. Llívia quedó fuera de este tratado por tratarse de una villa, privilegio concedido por el Emperador Carlos V, por lo que continuó bajo dominio del la corona de España).
En fin esto es tan sólo una anécdota más o menos entretenida sobre el sitio, para contextualizar. La cosa tenía su gracia cuando algunas mañanas de aquel verano, yendo de excursión por la montaña, alguno de mis hermanos o yo decíamos aquello de “ Papa…pipí!!” y mi padre nos contestaba con sorna “ aguanta un poco hijo mío, que pasemos el hito ese…y meas en Francia, hombre”.
Veraneábamos en una casa prestada. Una de las casas más antiguas y grandes de Llívia pertenecía ( y pertenece) a la familia de un amigo de mi padre, que nos prestó las llaves varios veranos y alguna semana santa para que pasásemos allí las vacaciones. Y allí que nos íbamos todos, mis padres, mis hermanos, recibiendo la visita de tíos, primos y abuelos, porque aquel caserón lleno de habitaciones daba para eso y para mucho más.
Supongo que la facilidad de acceso a Francia unida a la miseria erótica de ese país nuestro a principios de los setenta, en plena dictadura nacional-católica,… hizo que mi padre y mi tío, con treinta y cinco años menos de edad, muchas más ganas de cachondeo de las que conservan ahora y unidos por la complicidad que da el cuñadismo se lanzaran a una aventura ( servidor de ustedes es de los que opina que esto de los cuñaos es una lotería…pero si tienes suerte…. los lazos afectivos y de compañerismo entre cuñaos son más fuertes que los que pueda haber entre hermanos de una logia masónica)
Pues eso, que me lío… que mi padre y mi tío se inventaron alguna excusa para irse solos una tarde a una población cercana dentro de Francia a hacer algún recado importante. Sólo lo sabían ellos dos, pero el importante encargo que iban a hacer era ir a ver esta película …. llámalos tontos…

El problema fue, por un lado, una falta de previsión y por otro lado, un hecho imprevisto y aleatorio.
La falta de previsión fue no tener en cuenta que, en Francia, (que es la primera etapa de esa Europa aburrida dónde no hay tapas de tortilla ni cañitas ni bares con abuelos jugando al dominó ) sobre las seis de la tarde cierran , o al menos entonces era así, las gasolineras. Bueno, las gasolineras y el mundo entero alrededor….
El hecho aleatorio es que a servidor de ustedes, que entonces tenía la tierna edad de cinco años, le dio por pillar cuarenta de fiebre ( un mal de tripas, o cualquier cosa de esas) justo esa tarde- noche en que ellos no estaban…

Y ahí tienes a los dos cuñaos…, tras su ración de tetas y culos … cuando se montan en el coche para volver reparan en que van con el depósito en reserva del Seat 124 , y acabaron bajando por un puerto de los Pirineos en punto muerto, a las tantas de la noche, iluminándose con las luces del coche de delante….suerte que en Puigcerdá se encontraron una gasolinera abierta antes de entrar al pueblo. Y bueno, cuando llegaron a casa, ,,,pues eso…los “¿Que habéis hecho?” y “Dónde habéis estado?”…y “tu hijo con una fiebre altísima y nosotras aquí sin coche…”.
Pero lo que nos hemos reído luego en reuniones familiares escuchando a mi padre con el “Día- que- fuimos- a ver- una-peli-verde-y-de-poco-no-volvemos-tu-tío-y-yo”…Eso no tiene precio.
Salud, Paz y Amor a todos.
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fritus
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Baúl: Familia, Franquismo, gamberradas
jueves 24 de diciembre de 2009
Fechas para sonreír!
Hoy va de risas.
Esto es lo que pasa cuando uno se excede: que caen los mitos, o no?
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Ciberculturalia
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Baúl: Navidades
¡FELIZ NAVIDAD!
Y próspero año nuevo. Esa ha sido para mí la fórmula tradicional y seguirá siéndolo. Pertenezco a una sociedad, y vivo en ella, que celebralas navidades, como otrora, y por estas mismas fechas, y en otra sociedad, con otras deidades y otros mitos y leyendas, se celebraban las saturnalias. Que tras todas ellas está el celebrar ese cambio que significa el solsticio de invierno no me cabe duda, y no me parece mal que aquellos que necesitan reforzar su agnosticismo o ateismo insistan en felicitar ese momento astronómico en el que el sol hace incidir sus rayos con el menor ángulo, en el hemisferio norte, y con el mayor en el hemisferio sur, donde celebran el solsticio de verano, mientras en el ecuador no hay solsticios que valgan. A mí no me hace falta, tengo muy claro ese asunto, por eso adorno mi casa con luces y hay un pequeño misterio en mi comedor, con su niño, su Virgen, su San José pp , la mula y el buey. Y no me he convertido a nada os lo aseguro. Yo celebro otras cosas y ese pesebre me sirve de símbolo. Podría poner a Marx, Engels y Lenin, pero me parecería absurdo. De manera que :
¡Por la Paz, la Democracia y el Socialismo!
¡Por la República Federal y Solidaria!
¡Feliz Navidad!
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J. G Centeno
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Baúl: Navidades
Felices Fiestas!
Bueno, para empezar, un poema de Joan Brossa en catalán, a modo de felicitación, que creo no necesita ser traducido:
Nadal
Joan Brossa54.241 54.246
54.242 54.247
54.243 54.248
54.244 54.249
54.245 54.250
Participacions
d'una pesseta.
Y después del toque surrealista (pero tan vivido... en todas las televisiones, radios y demás repiten cada año, sin saberlo, el poema de Joan Brossa) paso a un recuerdo liberador: mis primeras navidades sin familia, en la carretera, de auto-stop hacia París, con mi compañera de trabajo y amiga, en un invierno de nieves y nuestros 20 años recién estrenados, esperando a ver qué quedaba de una primavera exultante. (Sí, era el año mágico: 1968). Hasta la frontera ningún problema. A partir de ahí, la frase más repetida era, cuando los automovilistas nos preguntaban dónde íbamos (mal pertrechadas, con unos zapatos en los que el hielo formaba una doble suela que se había tragado la de cuero en los pre-Pirineos, y nos provocaba una hipotermia galopante): Paris? Mais, c'est loin, ça!!!!
Finalmente, un "poid-lourd" nos llevó todo el trecho que faltaba y nos dejó, en la nochebuena más helada que recuerdo, a las puertas de París. Nuestro destino era una residencia de estudiantes de Antony, donde nos acogieron los fuertes brazos de una maternal cocinera normanda. La idea de mi amiga y mía era tomar una ducha caliente, comer una sopa y ya vestidas para la ocasión, ir a cenar al Barrio Latino buscando la playa (aunque estuviera congelada) debajo de los adoquines... La cocinera normanda accedió a prepararnos la mejor sopa de cebolla de todas las galias... pero ¡antes! lo mejor era tomar un vasito de "calva", el diminutivo que ella utilizó para designar el calvados casero que preparaban en su hogar, cerca de Honfleur... un "calva" de toda confianza, que devolvía incluso la vida, el calor y el color a un santo de yeso...
Ni mi
amiga ni yo habíamos oído hablar nunca del calvados, pero bebimos la pócima con la misma ansiedad que las tropas de Abraracúrcix se lanzan sobre el caldero de Panoramix.... Mi amiga sobrevivió. Para mi, sin embargo, allí acabó la nochebuena. Caí redonda y sólo muy avanzada la mañana del 25 (sin frío, sin cansancio, todavía entre vapores etílicos) desperté en una cama que parecía una nube, con la cocinera normanda riéndose de mi y hablando para sí de lo flojas que éramos las mujeres del Mediterráneo...Buenas fiestas y mucha salud pública, con o sin calvados, como ustedes prefieran!
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angelsmcastells
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lunes 23 de noviembre de 2009
Violencia de género
El recuerdo viene a cuento de que el próximo día 25 se conmemora el Día Internacional contra la Violencia de Género, y seguramente muchos lectoras y lectoras habrán vivido, como yo, unos tiempos aún peores por lo que a la violencia de género se refiere. Unos tiempos sin derechos apenas para las mujeres, y en los que pegar a la novia o a la esposa no sólo no era delito sino casi un ritual de escape para tantos hombres que nunca conseguían oler a limpio. Entre la clase obrera era demasiado el aturdimiento por el trabajo y el alcohol, y entre los "señoritos", demasiada la prepotencia y el fascismo entrañado en la cotidianiedad de una postguerra inacabable. La minoría que en Catalunya se había pasado al bando "nacional" no sabían entender en qué habían vencido, y la mayoría republicada, bajo un silencio de granito, desesperaba entre rencores y represalias... nada de eso justifica la vesanía de pegar a las mujeres, pero entre sollozos acallados y rosarios descreidos, eran demasiadas las que se resignaban a aceptar los golpes como una válvula de seguridad que parecía impedir estallidos más temidos.
A finales de los 60 me trasladé a Barcelona, y acabé viviendo en un entresuelo, cerca de la Facultad en la que trabajaba y estudiaba, y donde llegaban los olores, gritos y parloteos de unas calles que muy dolorosamente iban despertando a la ciudadanía.
Un atardecer empezó bajo mi ventana un rumor como de requiebros, de abrazos que dejan huella y besos no correspondidos. La mujer intentaba escapar con una sonrisa quebrada, con disculpas y falsos halagos, pero cada vez se hacía más pequeña bajo los manotazos, hasta que los empujones se convirtieron finalmente en cachetes y puñetazos desgranados casi con desgana, en un lento ritmo creciente... La mujer ya estaba hecha un ovillo en el suelo cuando empezaron los rodillazos y las patadas.
Abrí la ventana, pero mis gritos apenas alteraron nada. El hombre levantó la mirada turbia de odio y vino barato, y se rió. Detuvo sólo un momento sus golpes, satisfecho de que alguien contemplara su hazaña.
Fui al teléfono. Mi voz tembló en cada bucle del largo cable que me permitía seguir asomada a la ventana mientras amenazaba al hombre con que vendría la policía. Él se alzó de hombros y empezó a golpear de nuevo a la mujer, cansinamente, mientras levantaba provocadoramente la mirada.
Finalmente la voz que me atendía del 091 consintió en mandar alguien a mi calle. Sólo una última pregunta antes de que la dotación se pusiera innecesariamente en marcha: ¿Podía asegurarle yo que el hombre y la mujer no estaban legalmente casados?
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angelsmcastells
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Baúl: Franquismo, machismo, posguerra, violencia de género


